Carmela Alonso

Carmela es una fotógrafa interesada en el nuevo documentalismo y la postfotografía. Cuenta lo universal desde lo concreto, con un mensaje arraigado en lo común pero aplicable a diferentes contextos. Tras mostrarnos su trabajo en la reciente publicación de La Pham y con un nuevo proyecto a punto de salir, hablamos con Carmela para conocer mejor sus inquietudes artísticas.

"Me resulta más fácil pensar con imágenes que con palabras."

¿Cómo empezaste en la fotografía?

Dejé los estudios jovencita para empezar a trabajar. Durante un año pasaron una serie de cosas en mi vida y Granada se me vino un poco abajo. Es una ciudad pequeña, muy emocional y artística donde los sentimientos son complicados de gestionar. No hay mucha perspectiva y acabas sintiéndote oprimido, como entre cuatro paredes. También dejé de tener contacto con toda la gente que formaba parte de mi vida y empecé a pensar que podía afrontar esa nueva situación desde el campo artístico. Recordé que me gustaba mucho la fotografía y el cine, así que ahorré durante un tiempo en el restaurante en el que trabajaba y me matriculé en la Escuela de Arte de Granada. Las imágenes me han ayudado mucho con la dislexia, ya sea para estudiar, entender o comunicarme. Para mí es algo muy instintivo y me fijo continuamente en las formas, colores y texturas. Me resulta más fácil pensar con imágenes que con palabras.

¿Por qué te mudaste a Sevilla?

Principalmente porque quería cambiar de ciudad. Me apetecía vivir en una ciudad de Andalucía porque es un lugar que me interesa muchísimo, tanto por lo que tiene, como por lo que no tiene. Me gusta emocionalmente el sentir de la gente y, además, era una ciudad nueva que no conocía. Vi que aquí existía un núcleo de fotografía comprometida con el propio medio, con el mundo analógico y que tenían una perspectiva de la fotografía que iba más allá de un pack para tener dinero a final de mes, así que decidí mudarme y empezar a estudiar en la Escuela de Arte de Sevilla.

"Sevilla es una ciudad muy poco pensada para el sevillano o el andaluz, más bien es un terreno de conquista."

¿Cuál fue tu primera impresión?

He ido conociendo la ciudad progresivamente. Al principio venía de visita y era una relación curiosa porque, al no vivir aquí, me era más fácil comparar. Es una ciudad que me parece muy interesante, pero que considero que está muy en ruinas. No paro de pensar en cómo será dentro de veinte años y, aunque intento concentrarme en verla como es ahora para aprovechar lo bueno que queda, me es casi imposible. Sevilla es una ciudad muy poco pensada para el sevillano o el andaluz, más bien es un terreno de conquista.Aunque me atraía la idea de que fuera un icono de lo que podía quedar de ese trato comunitario, al llegar me encontré un proceso voraz de gentrificación que a mi ciudad natal, Granada, no había llegado todavía.

¿Qué crees que tiene Andalucía que no tiene el resto de España?

El sentir. La capacidad de ser resolutivo con tan poco. Hacer de un detalle algo que vaya directo al problema y que además envejezca bien. Andalucía es un sitio que tiene cosas muy universales pero también muy concretas, es inimitable.

¿Qué le falta a Andalucía que sí tenga el resto de España?

Su espacio y peso. Es una fuente inagotable de cosas y nada prácticamente está reconocido como debe. Parece que Andalucía sólo es Lorca y Murillo y, en realidad, hay mucho más. Claramente recogen muy bien la forma y el sentir de aquí, pero no creo que tenga un peso equivalente a lo que realmente vale. No tiene la autonomía que merece porque siempre va detrás de aprobaciones más grandes, ya sean europeas o centralistas, es como un niño pequeño al que hay que corregir las faltas de ortografía, y Andalucía se explica perfectamente. Ni es ordinaria ni es analfabeta.

"Esa habilidad de hacer humor con algo que te hace gracia y te duele al mismo tiempo"

¿Cómo influye en tus trabajos tu interés por el cine?

Este año he estado pensando mucho sobre eso. Antes de adentrarme en la fotografía estuve trabajando como auxiliar en series y ficción. Tenía una mentalidad muy clásica respecto a la dirección de fotografía y pensaba que el corazón de la narrativa era la luz. Sin embargo, explorando la fotografía fija y la narrativa del fotolibro, he encontrado que existen muchos más recursos que pueden enriquecer una imagen.

¿Qué director/a o película te ha influenciado?

Diría que Truffaut, pero realmente no me quedo con ninguno en especial porque me gusta muchísimo el cine italiano y todos me parecen increíbles. Aunque suene a cliché, también me gusta mucho el cine español. En autores como Cuerda y Berlanga percibo esa capacidad de retratar sin deshumanizar y ,al mismo tiempo, enseñar todas las miserias. Esa habilidad de hacer humor con algo que te hace gracia y te duele al mismo tiempo también la encuentro Joan Fontcuberta, un artista y ensayista que he descubierto este año y que admiro profundamente. También hay una directora, Nadine Labaki, en concreto la película Caramel, que aunque es muy sencilla formalmente, me encanta la dirección y las narrativas que plantea.

"Quiero manipular la imagen hasta que sangre lo que yo he sangrado siendo manipulada por ella."

¿Cómo definirías tu trabajo?

Mi trabajo se basa en tejer mentiras al servicio de desvelar realidades inenarrables. Quiero manipular la imagen hasta que sangre lo que yo he sangrado siendo manipulada por ella.

Hace unos meses anunciaste que ibas a sacar tu primer trabajo titulado Fares. Cuéntanos un poco sobre este proyecto.

Es un proyecto al que le tengo mucho cariño y que ha pasado por diferentes fases. Ha sido un proceso en el que he tenido que concretar todas las ideas que quería plasmar para poder trabajarlo como proyecto. Fares es una palabra extraída del imaginario lorquiano y hace referencia a la riña que hay en medio de una discusión o contradicción. Con este trabajo, realizo un recorrido por las tensiones estructurales de la familia de clase media del sur de Europa. Aunque es un concepto muy universal, lo trato desde mi propia familia, con todo el respeto por amar y criar a pesar de no tener todos los recursos necesarios. Ahondo en la intervención del espacio y las interrelaciones que surgen entre los individuos a través de este.

Perteneces a La Pham. ¿Cómo surgió el colectivo?

La Pham es un proyecto que comenzó Roberto Pintre. La idea era crear un portal en el que la gente se comunicara e intercambiara lo que hacía. Creó un perfil en Instagram para ver cómo evolucionaba el proyecto y después de unos meses funcionando, Alicia Arce y Marina Rodríguez se sumaron. Vieron una buena oportunidad para lanzar una publicación física y empezaron a contactar con otros fotógrafos para llevarla a cabo. Esta primera publicación recoge las imágenes de diez fotógrafos con la intención de reflejar la gentrificación de la ciudad y la falta de unidad. A raíz de comenzar con el proceso de distribución y logística, empecé a formar parte del núcleo directivo del proyecto y dejé de ser solo una colaboradora.

¿Qué planes de futuro tienes?

De momento, quiero seguir abordando las publicaciones físicas. Llevo trabajando unos meses en mi nuevo proyecto Zero. En él hablo de la romantización de la pobreza, de la cuarentena y el privilegio de poder quedarse en casa. El formato dependerá de las necesidades que tenga en el momento de publicarla.

¿Podremos verte en alguna exposición o publicación próximamente?

Por ahora, podéis encontrar mi trabajo en la primera publicación física de La Pham y, próximamente, en mi fotolibro Fares, que irá acompañado de una visual de tres capítulos. Pronto detallaré en mis redes sociales la fecha de estreno.

Instagram - @carmelalonso.es
Behance - Carmela Alonso
by Cutre Magazine